Buenas mis niñas lindas, ahora que ya tengo el caldo papa al fuego, que con estos fríos apetece algo caliente que asiente la madre y nos caliente. Yo les soy clara mis hijas ya con la edad que tengo no me apetece estar comiendo potingues de frituras y cosas de esas que les gusta a la polleria, que si piza, hamburguesas y a saber que le echan a esas comidas. Pero mis hijas hay que comer potajitos, caldos verdura y fruta que al cuerpo le hace falta. Yo veo a la juventud de hoy gordos como cochinos y yo pensando ay mis hijos sus madres y abuelas no les dan de comer cosas sanas, y claro si ya pones la tele ves a gente con 300kilos. A mi me da pena esa gente que se desbarata. Yo se que tampoco estoy muy delgada, pero ya con la edad y después de haber traído tantos hijos y la menopausia engorde unos kilos de mas pero intento cuidarme, porque sino después a ver quien coje mi caja si me pongo como una albacora. Mi sobrina esta la pobre gordita, pero eso la pobre es porque tiene el tiroides y la comida le sienta mal y engorda mas. Digole yo, ay mi niña pero si tu no comes tanto pa estar así, y ella me dice es verdad tía el tiroides. Pero esta vida es así, hay que ir llevando lo que Dios nos da.
Por cierto ayer limpiando los cajones de la cómoda de mi habitación encontré los papeles de cuando licenciaron a mi marido del servicio militar después de acabada la guerra. Estuvo en el servicio militar desde el año 1938 hasta 1955 cuando licenciaron según estuve leyendo en los papeles que le dieron. Estaban firmados en Las Palmas por el Coronel Primer Jefe del Regimiento de Artillería de Costa de Gran Canaria, Don Antonio Guerra Gómez. Todavía recuerdo yo pero poco cuando se llevaron a mi marido. Fuimos a la plaza de Juncalillo porque también ese mismo día se llevaron al hermano pequeño de mi madre Juan pa la guerra. El probesito murió en la guerra. según le contaron a mi madre, que llevaban día sin beber agua y encontraron un pozo y el agua estaba envenenada por cadáveres y murieron de tifus o algo de eso. Mi madre lloraba desconsoladamente y decía: maldita guerra esta, que enfrenta y mata a hermanos contra hermanos. Mi tio era jovencito un par de años mas viejos que mi marido. A saber si mi tío estará en el valle de los Caídos enterrado, porque la caja de mi tío nunca volvió a la isla se quedó en la península. Ay mis hijas, la guerra trajo muchas desgracia y tristeza a todos. Otro caso que yo oí de refilón pero como era una niña no hablaban delante de mi, me enteré años más tarde, hablando con mi tía Teodosia. Mi tía estaba casada con mi tío Manuel que era carnicero y vivían en Agaete. Pues durante la guerra, la falange o los de las camisas azules y boinas rojas como le decían, sembraban el terror llevandose a la gente y los tiraban a los pozos como perros, ellos decían y eso lo llegué a escuchar yo durante la dictadura, que había que librar a España de la lacra que eran los rojos, comunistas y masones. Pues a mi tio que tenía ya a sus 6 hijos en el mundo con mi prima Carmensa de meses, la mas chica, se lo llevaron. Lo hacían de madrugada y sembraban el miedo. Los hombres que podían escapaban al monte y se escondían pa que no los matara. Mi tia me contaba llorando como si hubiera pasado la noche anterior. Como casi echan la puerta abajo aquella noche y se llevaron a mi tío Manuel acusado de ser rojo. Creo que esto fue poco después de acabada la guerra en el 39 o 40. Desde aquella noche mi Teodosia no supo nada más del marido, lo matarían a sangre fría con un disparo en la nuca y lo tirarían a algun pozo cerca de Agaete. Decía mi tia que aquella noche se llevaron a más hombres y los llantos y gritos se oían por toda la calle.
Les voy a contar una historia que se me quedó grabada y me puso la carne de gallina cuando me la contaron. Estando yo trabajando en los almacenes de Don Juliano, el encargado Juansito, siempre estaba pasandose la mano por la cara como si se quitara algo del cachete. Y digole un día a mi compañera Carmelita, haciendo cajas: Carmelita y porque Juansito siempre está como limpiándose la cara. Y me contó. Resulta que durante la guerra civil, se llevaron en un camión a un monton de hombres pa darles el paseillo como se decía, y cuando estaba Juansito bajando a uno de esos pobres infelices que iban a matar, uno de ellos, le escupió en la cara.Y el pobre Juansito que era mas bueno que el pan se quedó con esa cosa pa toda la vida. Mi marido me decía que cuando se templaba, se ponía a llorar diciendo yo no quería matarlo, me obligaron si no me mataban a mí.
No quiero ni acordarme de esas cosas, porque me añurgo se me pone un nudo en la garganta. Mi marido Paco me contaba que el estuvo muchos años en la península y se iba moviendo con su cuadrilla de un sitio al otro. Me decía aunque no hablaba mucho porque no le gustaba recordar esas cosas. Fefilla tu sabes lo que es correr por el campo de batalla con tu amigo y que lo maten de un disparo, verlo muerto y tener que seguir corriendo pa salvar la vida. Me contó también cuando entraron en Barcelona, y se mató a muchos anarquistas, comunistas . Yo como no me enteraba de politica, le pregunté y ¿que son los anarquistas, Paco?. El me dijo son gente que no sigue a nadie, ni hace caso al Estado, ni a la Iglesia ni a sus familias.
Cuando se llevaron a mi marido y a mi tío Juan, se llevaron también a montones de varones jovenes del pueblo, y recuerdo ver a las madres, hermanas, esposas llorando y agitando pañuelos blancos despidiendo los camiones que se llevaban a sus hombres y no sabía si los volverían a ver o no. Mi madre siempre estaba pendiente de si llegaban cartas desde la península de mi tio. Llegaban a la escuela las cartas desde Gáldar, que las mandaba Falange. Cuando se llevaban así a los hombres se llamaban las levas o los reclutamientos de caja o algo así me llegó a decir.
La Guerra en Canarias no se vivió yo no recuerdo pasar penurias porque mi padre tenía sus tierras y animales e ibamos escapando. Lo que si hubo fue el miedo a que se llevaran a tus hijos o maridos, porque alguien los acusaba de rojos, solo por maldad o envidias, asi hubo muchos casos. Me acuerdo que cuando acabó la guerra, vino la posguerra, y Franco mandó cerrar el puerto de Las Palmas y en las tiendas apenas había nada, ni azucar, café, ni telas. Me acuerdo de ver a madres con sus hijos en los brazos pidiendo de puerta en puerta por una escudilla de leche y gofio con la que dar de comer a su hijo. Ay mis hijas no quiero ni acordar, no se puede dar marcha atrás ni pa coger impulso.
Otro día les hablaré de la Sección femenina que yo llegué a ir a alguna clase donde nos enseñaban a ser buena esposa, cristiana y madre. Pero ese cuento es pa otro día que miren la hora que es y yo sin acostarme. Jesus,María y José benditos. Me voy a la cama, yo cené la lechita y gofio. Ahora me quito la dentadura la lavo, y rezo a Dios y la Virgen, por las ánimas del Purgatorio y por la Cristiandad. Pues que les digo chiquillas, salud y suerte.
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martes, 20 de febrero de 2018
La Guerra Civil
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Gran Canaria, Las Palmas, España
domingo, 27 de septiembre de 2015
Mi padre
Buenas mis niñas lindas queridas, cuanto tiempo sin hablar con ustedes mis hijas, pero he tenido el culo en dos manos. Con la vuelta de mis nietos al colegio y venían a comer a mi casa porque mis hijos trabajan, y yo mientras pueda los ayudo. A primeros de septiembre fuimos pa Tenerife con mi hijo Paco Antonio. Yo le dije mi niño llevame a Tenerife que le hice la promesa al Cristo de Telde y al Cristo de La Laguna que si tu hijo Fran llega bien de Roma, porque se fue de Erasmus ese, un año y a mí me tenía la barriga abierta. Pero llego sano y salvo mis hijas. Cuando llega y se me pone a hablar en italiano a mi se me saltaron las lagrimas. Además no se si se acuerdan yo me opere de la matriz y lo ofrecí también. Y pa Tenerife nos fuimos, cogimos el barco en Agaete. Yo mis hijas mareo hasta en una mecedora. Me maree na mas entrar en el barco y unas fatigas durante todo el viaje, casi me arrojo y echo pa arriba la leche y el gofio del desayuno. Estaba encima la mar un poco revuelta pa que fue aquello, no me quiero ni acordar.
Cuando llegamos a Santa Cruz y veo la plaza del charco como le digo yo porque hicieron una piscina enorme con un chorro en el centro. Mis hijas Santa Cruz esta de bonito, que en nada se parece cuando yo vine a trabajar en los 50. Esta todo precioso lleno de arboles y flores. Y la torre del Cabildo es muy bonita que se ve na mas bajar del barco.

Bajamos del barco con el coche visitamos un poco Santa Cruz y nos tomamos un café, y nos fuimos pa La Laguna. Que bonita es, si parece Teror pero en grande mis hijas, llena de balcones y las casas típicas a mi me encantó. A mi lo que más me gustó de todo fue cuando entro en la Iglesia del Cristo y lo veo allí, en lo alto de su altar con esa cara tan linda que tiene, yo me emociono mis hijas, porque veo el sufrimiento que padeció el Señor por nosotros y ya le gente de hoy en día ni va a misa, es una pena mis hijas. Me gocé la misa de doce con mis nietos, mi hijo y mi nuera. No fuimos todos los de la familia porque mis hijos trabajaban. Mi hijo Paco siempre coge las vacaciones finales de agosto mediados de septiembre por eso fui con él.

Y a todo esto, yo me pongo aquí a alegar como una boba, y yo hoy les iba a hablar de mi padre, que Dios lo tenga en su gloria. Ay mi padre, bien lo echo de menos. Me acuerdo como si fuera hoy de verlo, con su bastón y el cachorro canario en la cabeza. Era un hombre alto y bien parecido mis hijas. La persona más honrada que yo conocí en mi vida, junto a mi marido que en paz descanse. Me acuerdo que el día de Reyes, como era carpintero nos hacía unos mueblecitos de madera, a mí y a mis hermanas. También recuerdo que nos daba una naranja china como regalo. Mis padres nos decían que los Reyes Magos entraban por el ojo de la fechadura en las casas a traer los regalos. Y nosotras decíamos, como es posible que entre los camellos y todo por ese abujero tan chico. Pues cogimos mis hermanas y yo y nos escondimos esa noche debajo de la cama de mis padres y así descubrimos que los Reyes no existían. Los Reyes de antes no son lo de ahora que tienen de todo y lujo nosotras eramos detalles pero una ilusión.
Mi padre combinaba la carpintería con la cría de animales, mientras mis hermanos, mi madre y yo trabajábamos la tierra. Me acuerdo una vez yo ya era una mocita, una vaca que tenía le dio a mi padre con la pata. Nosotras eramos a desalarnos porque pensábamos que se iba a morir del golpe pero gracias la Virgen del Pino bendita, todo quedó en un susto.
Así era el sombrero que se ponía mi padre. Parece que lo estoy viendo delante mía.
Mi padre era una persona muy respetada y como era el carpintero, en el barrio todo el mundo le encargaba las cajas y yo me acuerdo de ver a mi padre haciendo los ataúdes que luego forraba con telas de distintos colores dependiendo de quien se muriera. Si era una mujer o hombre casado, se forraba de tela negra, si era solterones como se decía antiguamente de blanco y los niños antes de hacer la comunión la caja era blanca. Aparte de eso mi padre era bien entendido, sabía leer y escribir no con soltura pero se defendía porque el siendo joven emigró a Cuba y volvió, cuando se casó con mi madre. Yo tendré que tener hermanos y sobrinos por Cuba seguro, porque estuvo por allí unos años buenos. Un hermano de mi padre murió en el barco Valbanera que iba a hacia Cuba y se hundió cerca de la capital.

Mi padre era una persona muy buena pero también era una persona muy educada, de ferreros valores y un poco rigido con la educación. Mi padre iba a misa a las 5 de la mañana pa luego ir a dar a comer a los animales, ordeñarlos y al mediodía volvía a mi casa. Nosotras teníamos gallinas, un par de cabras y una vaca. Después plantábamos millo pal gofito, papas, cebollas y más cosas. Siempre nos decía: mis hijas cuando se vayan a casar tengan una cosa clara, con la cuchara que cojan comen.
Una cosa que no voy a olvidar nunca en la vida, mi padre se llevaba muy bien con el cura y lo ayudaba siempre que podía y al pueblo. Pues cuando tuvo que hacerse unos bancos pa la iglesia de Santo Domingo, el cura se lo encargó a otro cura y eso a mi padre no le gustó. El decía que el no quería confesarse con ese cura cuando se muriese y el día que se murió llegó un nuevo cura de Artenara y lo confesó y murió tranquilo. Mi padre era un santo, hasta pa morirse no dio lata. Fijense ustedes mis hijas los dos hombres de mi vida a parte de mis hijos que los quiero como los dedos de mi mano, han muerto de infartos.
Pues que les digo mis hijas voy a comer un puchero que estan a punto de llegar mis hijos y mis nietos a comer. Ya tengo los yogures y natillas y los refrescos pa mis nietos. Mis hijas Dios y la Virgen del Pino las guarden y llenense las barriguitas que como decía mi padre: de la muerte a la vida la comida.
Bajamos del barco con el coche visitamos un poco Santa Cruz y nos tomamos un café, y nos fuimos pa La Laguna. Que bonita es, si parece Teror pero en grande mis hijas, llena de balcones y las casas típicas a mi me encantó. A mi lo que más me gustó de todo fue cuando entro en la Iglesia del Cristo y lo veo allí, en lo alto de su altar con esa cara tan linda que tiene, yo me emociono mis hijas, porque veo el sufrimiento que padeció el Señor por nosotros y ya le gente de hoy en día ni va a misa, es una pena mis hijas. Me gocé la misa de doce con mis nietos, mi hijo y mi nuera. No fuimos todos los de la familia porque mis hijos trabajaban. Mi hijo Paco siempre coge las vacaciones finales de agosto mediados de septiembre por eso fui con él.
Y a todo esto, yo me pongo aquí a alegar como una boba, y yo hoy les iba a hablar de mi padre, que Dios lo tenga en su gloria. Ay mi padre, bien lo echo de menos. Me acuerdo como si fuera hoy de verlo, con su bastón y el cachorro canario en la cabeza. Era un hombre alto y bien parecido mis hijas. La persona más honrada que yo conocí en mi vida, junto a mi marido que en paz descanse. Me acuerdo que el día de Reyes, como era carpintero nos hacía unos mueblecitos de madera, a mí y a mis hermanas. También recuerdo que nos daba una naranja china como regalo. Mis padres nos decían que los Reyes Magos entraban por el ojo de la fechadura en las casas a traer los regalos. Y nosotras decíamos, como es posible que entre los camellos y todo por ese abujero tan chico. Pues cogimos mis hermanas y yo y nos escondimos esa noche debajo de la cama de mis padres y así descubrimos que los Reyes no existían. Los Reyes de antes no son lo de ahora que tienen de todo y lujo nosotras eramos detalles pero una ilusión.
Mi padre combinaba la carpintería con la cría de animales, mientras mis hermanos, mi madre y yo trabajábamos la tierra. Me acuerdo una vez yo ya era una mocita, una vaca que tenía le dio a mi padre con la pata. Nosotras eramos a desalarnos porque pensábamos que se iba a morir del golpe pero gracias la Virgen del Pino bendita, todo quedó en un susto.
Mi padre era una persona muy respetada y como era el carpintero, en el barrio todo el mundo le encargaba las cajas y yo me acuerdo de ver a mi padre haciendo los ataúdes que luego forraba con telas de distintos colores dependiendo de quien se muriera. Si era una mujer o hombre casado, se forraba de tela negra, si era solterones como se decía antiguamente de blanco y los niños antes de hacer la comunión la caja era blanca. Aparte de eso mi padre era bien entendido, sabía leer y escribir no con soltura pero se defendía porque el siendo joven emigró a Cuba y volvió, cuando se casó con mi madre. Yo tendré que tener hermanos y sobrinos por Cuba seguro, porque estuvo por allí unos años buenos. Un hermano de mi padre murió en el barco Valbanera que iba a hacia Cuba y se hundió cerca de la capital.
Mi padre era una persona muy buena pero también era una persona muy educada, de ferreros valores y un poco rigido con la educación. Mi padre iba a misa a las 5 de la mañana pa luego ir a dar a comer a los animales, ordeñarlos y al mediodía volvía a mi casa. Nosotras teníamos gallinas, un par de cabras y una vaca. Después plantábamos millo pal gofito, papas, cebollas y más cosas. Siempre nos decía: mis hijas cuando se vayan a casar tengan una cosa clara, con la cuchara que cojan comen.
Una cosa que no voy a olvidar nunca en la vida, mi padre se llevaba muy bien con el cura y lo ayudaba siempre que podía y al pueblo. Pues cuando tuvo que hacerse unos bancos pa la iglesia de Santo Domingo, el cura se lo encargó a otro cura y eso a mi padre no le gustó. El decía que el no quería confesarse con ese cura cuando se muriese y el día que se murió llegó un nuevo cura de Artenara y lo confesó y murió tranquilo. Mi padre era un santo, hasta pa morirse no dio lata. Fijense ustedes mis hijas los dos hombres de mi vida a parte de mis hijos que los quiero como los dedos de mi mano, han muerto de infartos.
Pues que les digo mis hijas voy a comer un puchero que estan a punto de llegar mis hijos y mis nietos a comer. Ya tengo los yogures y natillas y los refrescos pa mis nietos. Mis hijas Dios y la Virgen del Pino las guarden y llenense las barriguitas que como decía mi padre: de la muerte a la vida la comida.
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